Mechita era un fuego incontrolable. Irónicamente. Icónicamente también. Era lo que queda después de una buena noche de sexo, la diferencia era que ella siempre fue así. No le hacían falta ni preliminares ni cigarrillos de después. Su vida era así, pura vida. Seguramente por eso el mundo no aceptó su sensualidad tan fácilmente. Le pedía una batalla que era […]