Llegó hasta el cubículo casi sin aliento. La carrera había parecido eterna. Seguía acorralada, con las manos atadas a su destino. Se fijó en el techo cuando esperaba ver las nubes. Pero no estaban. Tampoco su infancia. Los restos de los aliens muertos seguían a su alrededor. La munición era cada vez más escasa. Cuando aquella avalancha entró por la puerta no supo de dónde sacar las fuerzas, pero sobrevivió.