04.12.17


Le llevó hasta su casa todas las olas del mar. Una a una. Fue un trabajo parecido al de las pirámides de Egipto, pero en este caso lo hizo ella sola. No fue capaz de llorar por las inmensas ganas que tenía de hacerlo. Sus recuerdos fueron los barcos de papel, frágiles y estéticos, que la hacían despertarse para mover las aguas. Por pura necesidad. Por la metástasis que cura la belleza. El vacío siempre es cosa de varias personas aunque se perciba en soledad. Cuando él llegó a su cuerpo sólo le quedaban palabras para agradecer. Y nadar.

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