08.12.16


Maravilla.

SEGISMUNDO:

Tu voz pudo enternecerme,

tu presencia suspenderme, y tu respeto turbarme.

¿Quién eres? Que aunque yo aquí tan poco del mundo sé,
que cuna y sepulcro fue
esta torre para mí;

y aunque desde que nací
–si esto es nacer– sólo advierto eres rústico desierto
donde miserable vivo,
siendo un esqueleto vivo,
siendo un animado muerte.

Y aunque nunca vi ni hablé
sino a un hombre solamente
que aquí mis desdichas siente, por quien las noticias sé
del cielo y tierra; y aunque
aquí, por que más te asombres
y monstruo humano me nombres,

este asombros y quimeras, soy un hombre de las fieras y una fiera de los hombres.

Y aunque en desdichas tan graves, la política he estudiado,
de los brutos enseñado,
advertido de las aves,

y de los astros süaves
los círculos he medido,
tú sólo, tú has suspendido la pasión a mis enojos,
la suspensión a mis ojos, la admiración al oído.

Con cada vez que te veo nueva admiración me das,
y cuando te miro más,
aun más mirarte deseo.
Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser;
pues cuando es muerte el beber, beben más, y de esta suerte, viendo que el ver me da muerte, estoy muriendo por ver.

Pero véate yo y muera;

que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da,
el no verte ¿qué me diera? Fuera más que muerte fiera, ira, rabia y dolor fuerte
fuera vida. De esta suerte
su rigor he ponderado,
pues dar vida a una desdichado es dar a un dichoso muerte.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *