09.03.18


En el autobús la gente ni se miraba. De echo jamás reconocerían a nadie que estaba allí al lado si les pusieran fotos delante. Contaminación de imágenes. La obsesión por las preferencias de la libertad individual. Las manos inquietas, música de toda clase y procedencia en los dispositivos. Me pregunto si el aislamiento voluntario está vinculado a la felicidad. Allí estaba a punto de sonar una bomba. Pero no una de matar, una de hacer pensar. Ya era inevitable que aquello se fuese a convertir en un espacio de crimen. Perfecto o no, un crimen al orden establecido. Aunque en la práctica fuese más bien desorden. La explosión de mensajes obsesivos a todo volumen estaba a punto de invadir aquel espacio de cotidiano de supuesta libertad.

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