10.08.17


Cristina tenía una manta alrededor del cuerpo, y sólo eso. La cárcel no tenía barrotes, simplemente era un cristal con luces de colores. Muy alegre. Ahora ya estaba tranquila. Le había parecido ver a su hija mientras la detenían, pero ahora mismo no sabía si eso fue sueño o realidad, si se parecía a su propia verdad o era un deseo tan grande que la mentira tenía máscara de veracidad. Se sentía liberada eso si, los gritos los necesitaba, no podía más. Se planteaba si aquello de las normas, tan bonito y tan perfecto funcionaba. Intuía que esa desesperación seguro que la sentía más gente. Al final va a ser peor el remedio que la enfermedad. El guardia sonreía, le hizo un gesto de si follaban. Ella negó con la cabeza con cara de asco.

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