12.01.18


La tempestad estaba allí, moviéndose entre ellos. Sólo se veía si te fijabas mucho. Tenías que convertirte en halcón por un momento y cazar el movimiento de la servilleta, la falta de delicadeza del dedo índice de la mano derecha. Esas pequeñas cosas, que son tan pequeñas que nunca merece la pena ni fijarse. La casa estaba repleta de pequeños ruidos, de sonidos tecnológicos que nunca guardan respeto a la verdad. No saben de eso. No fueron educados para ello. Viéndolo, pueden parecer moscas en un verano intenso y pegajoso, pero no es eso. Realmente la sensación sería más de echar de menos eso. Y para echar en falta a las moscas ya puede ser extraño aquello. Una playa perfecta en la que las corrientes se mueven peligrosas, en la zona de confianza en la que crees que todo está conseguido…pero no lo está. Por eso explota.

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