12.06.18


Le hacía dibujar líneas, siempre líneas. Y el no se quejaba. Podría llevarle días repetir la misma. Pero aún así se quedaba admirándolas siempre después del colegio. No llegaron a ser palabras, se quedaron por el camino. Sus padres le necesitaban en casa, con 9 anos ya tocaba. Por eso las líneas eran rectas, y eso que allí nunca habían visto nada así. No llegaron a ser curvas, no fueron capaces de conocer el baile. No pudo llegar a darse cuenta de que, aquel trazo, era tan parecido a los sueños imposibles que sólo le quedaba seguir saltando. Volviendo a jugar.

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