14.03.17


Primer trabajo: el león de Nemea.

Como primer trabajo, Heracles recibió la orden de matar al monstruoso león de Nemea, que vivía en las montañas cercanas a Nemea, en un rincón del noroeste de la Argólide. Según Hesíodo, era vástago de Orto y Quimera (o posiblemente Equidna, cf. p. 105), y había sido criado por Hera, que le hizo vagar por las colinas de Nemea, con evidente intención de someter a Heracles a una ordalía. Según otra tradición, era hijo de la diosa-luna Selene (o, cuando menos, había nacido en la luna) y vivió allí hasta que Selene lo expulsó a la tierra con una pavorosa sacudida a petición de Hera. Se trataba de un ser verdaderamente extraordinario porque era invulnerable (excepto quizá en la versión más primitiva, ya que algunas imágenes de las artes plásticas sugieren que podría haber habido una versión en la que se le había matado con una espada). Aunque Heracles pronto descubrió que sus flechas y espada no podían penetrar la piel del león, pudo utilizar su garrote y sus propias manos desnudas de forma mucho más ventajosa. En la versión habitual más tardía, le infundió miedo amenazándole con su garrote, haciéndole huir hacia su guarida, una cueva con dos bocas situada en el monte Treto (Montaña Perforada), cerca de Nemea, y luego bloqueó una de las bocas de la cueva antes de entrar por la otra para atraparlo por el cuello y estrangularlo. En otra versión, aturdió al león apaleándolo con su garrote en su primer encuentro y luego lo estranguló a cielo abierto.

Tras matar al león, Heracles le quitó la piel para proveerse de su vestimenta habitual, que le proporcionaba una excelente protección dado que resultaba impenetrable para cualquier arma. De acuerdo con Teócrito, no sabía cómo podía cortarla hasta que algún dios le inspiró con la idea de que debía, al menos, ser vulnerable a las propias garras del león. Aunque Apolodoro afirma que únicamente se le había ordenado conseguir la piel del animal, habitualmente se dice que llevó al mismo león ante Euristeo como prueba de su muerte (tal y como describe Apolodoro). Euristeo se alarmó de tal forma ante la visión del animal que negó a Heracles la entrada a Micenas a partir de aquel momento, diciéndole que exhibiese sus trofeos a las puertas de la ciudad. Para mayor seguridad, el cobarde rey mandó enterrar Lina tinaja de bronce para esconderse en ella cada vez que Heracles llegase con sus trofeos más pavorosos, como Cerbero o el jabalí de Erimanto, y desde entonces emitió sus órdenes a través de un intermediario, el heraldo Copreo (hombre-estiércol), quien ya es mencionado a este respecto en la litada.

En la tradición más primitiva, Heracles vestía una armadura metálica como cualquier otro guerrero. Se le muestra vistiendo una piel de león por primera vez en obras de arte que datan desde finales del siglo VII a.C. y no es hasta la segunda mitad del siglo VI que la piel de león se convierte en su vestimenta habitual en la pintura de vasijas ática.52En el siglo siguiente, Píndaro y Baquílides son los primeros auto res en indicar que la piel era impenetrable.53 Sacando la cara por el hueco de la man díbula, el héroe podía utilizar el cuero cabelludo de la bestia como una especie de casco. Apolodoro es el único que afirma que hizo su capa con la piel del león del Citerón (cf. p. 331).

Se decía que Heracles había cortado su garrote de un olivo silvestre en Nemea o en la costa este de la Argólide, antes de partir en busca del león; o, según Teócrito, lo obtuvo en el monte Helicón en Beocia, arrancando un olivo entero. En otra parte se habla de un garrote de bronce o con regatón de bronce; este último podría ser el garrote que se decía que había recibido de Hefesto. Sus armas más convencionales y la armadura se las regalaron varios dioses como recompensa por su valentía, bien tras demostrarla por primera vez al derrotar a los habitantes de Orcómeno, bien tras completar los primeros cinco trabajos; según Apolodoro, Hermes le dio una espada, Apolo un arco y una flecha, Hefesto una coraza de oro y Atenea un manto. Antes de enfrentarse al león de Nemea, Heracles pasó por Cleonas, una ciudad no lejos de Nemea, y se alojó en casa de un pobre peón llamado Molorco a cuyo hijo había matado el león. Molorco quería sacrificar un carnero en honor de su invitado, pero Heracles le dijo que esperase treinta días e hiciese luego el sacrificio, ofreciéndoselo a Zeus Soter (Salvador) si regresaba sin contratiempos de la caza o a él mismo si resultaba muerto en ella. Tanto los dioses como los héroes muertos eran honrados en el culto griego, los últimos mediante ritos ctónicos distintivos. Tras perseguir al león durante veintiocho días, Heracles lo mató al vigésimo noveno e inmediatamente después cayó dormido de agotamiento; al despertar, cargó el león sobre sus hombros y se apresuró a volver con él junto a Molorco, arrancando rápidamente un poco de perejil silvestre (selinon) para hacer una corona para el sacrificio. Llegó justo a tiempo de impedir a Molorco que hiciese el sacrificio en su honor como héroe muerto. Antes de seguir su camino, Heracles reorganizó los Juegos Ñemeos (que habían sido instituidos por Adrasto y los Siete, cf. p. 419) como festival en honor a Zeus; se exigió entonces que los vencedores fuesen premiados con una corona de perejil silvestre porque el héroe había lucido una en el mencionado sacrificio a Zeus. Una versión de esta historia fue relatada por Calimaco, el primer autor que la menciona del que se tiene constancia. En la mitología astral, se decía que Hera había recompensado al león enviándolo a los cielos para convertirse en la constelación del León (Leo). 

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