14.09.18


ATHERET O LA INOCENCIA

Nos hablamos siempre

sin palabras,

ella leía en mi alma.

Para quitarnos las penas,

sin mirarnos,

nos dábamos la mano.

Nadie vio nunca en mí tan claro,

nadie

me supo nunca tanto.

Le besé muchas veces las heridas,

sana sanita sana,

que ni el viento la toque,

que nadie le haga daño.

Inventábamos mundos amarillos

tumbadas en la hierba,

las formas de las nubes a su paso

nos contaban las historias.

Jugamos a tener miedos tremendos,

buscàbamos fantasmas en desvanes.

Indagamos

las palabras prohibidas

(el corazón

se salía del pecho golpeando),

nos recorrió un temblor de parte a parte,

exactamente el mismo.

Yo guardé sus secretos sin dudarlo,

ella calló los míos.

Vimos venir la sombra de la ausencia

como los gorriones,

inermes

ven acercarse el frío.

La mañana

del día

que se fue para siempre

supe de lo inmenso de este mundo,

de su horrible vacío,

y vislumbré lo eterno (interminable)

de la vida.

María Álvarez-Rosario. Mapa de memoria.

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