ATHERET O LA INOCENCIA
Nos hablamos siempre
sin palabras,
ella leía en mi alma.
Para quitarnos las penas,
sin mirarnos,
nos dábamos la mano.
Nadie vio nunca en mí tan claro,
nadie
me supo nunca tanto.
Le besé muchas veces las heridas,
sana sanita sana,
que ni el viento la toque,
que nadie le haga daño.
Inventábamos mundos amarillos
tumbadas en la hierba,
las formas de las nubes a su paso
nos contaban las historias.
Jugamos a tener miedos tremendos,
buscàbamos fantasmas en desvanes.
Indagamos
las palabras prohibidas
(el corazón
se salía del pecho golpeando),
nos recorrió un temblor de parte a parte,
exactamente el mismo.
Yo guardé sus secretos sin dudarlo,
ella calló los míos.
Vimos venir la sombra de la ausencia
como los gorriones,
inermes
ven acercarse el frío.
La mañana
del día
que se fue para siempre
supe de lo inmenso de este mundo,
de su horrible vacío,
y vislumbré lo eterno (interminable)
de la vida.
María Álvarez-Rosario. Mapa de memoria.