25.04.18


Un furgón. Pintado como un cuadro de Ágata Ruíz de la Prada. Paseándose a toda velocidad por el barrio más pobre que te puedas imaginar. Y allí explota. No nos importa demasiado lo que ha pasado antes, simplemente explota. Vuelan billetes y se corre la voz casi más rápido que la velocidad que llevaba el vehículo. Los niños se pelean como su aquello fuese la cabalgata de los Reyes Magos. O mejor. Parece que alguien ha hecho la de Robin Hood sin haber llegado a poder contarlo. A veces la diferencia entre la heroicidad y el martirio puede estar más cerca de lo que pueda parecer. Los niños sonríen y corren a sus casas con el botín.

 

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