25.10.17


Mechita era un fuego incontrolable. Irónicamente. Icónicamente también. Era lo que queda después de una buena noche de sexo, la diferencia era que ella siempre fue así. No le hacían falta ni preliminares ni cigarrillos de después. Su vida era así, pura vida. Seguramente por eso el mundo no aceptó su sensualidad tan fácilmente. Le pedía una batalla que era no quería, sus ganas de aprovechar su tiempo como su fuese una mecha de una bomba de alegría eran más importantes. A veces ciertas fuerzas contradicen la lógica… No por mucho vivir se aprovecha más lo que se lleva dentro.

 

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