28.01.18


“Aquella noche Lídia soñó con el mar. Era un mar profundo y transparente, y estaba lleno de unas criaturas lentas que parecían hechas de la misma luz melancólica que hay en los crepúsculos. Lídia no sabía dónde estaba, pero sabía que aquello eran medusas. Mientras despertaba, aún pudo distinguirlas atravesando las paredes, y fue entonces cuando se acordó de la abuela, doña Josephine do Carmo Ferreira, alias Nga Fina Diá Makulussu, famosa intérprete de sueños. Según la anciana, soñar con el mar era soñar con la muerte.

Abrió los ojos y vio el gran reloj de péndulo sujeto a la pared. Pasaban veinte minutos de la medianoche. Angola ya era independiente. Pensó en ello y se asombró de estar allí, tumbada en aquella cama, en la vieja casa de las Ingombotas. ¿Qué hacía en aquel país? Una pregunta inútil que la atormentaba todos los días.

Pero en aquel momento tenía otro sentido: ¿qué hacía ella allí?”

Jose Eduardo Agualusa: Estación de lluvias.

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