28.09.18


Todo nos llevaba a la madera. O a su ausencia. Aún no se sabía lo preciada que sería. Justo antes de valorar algo nos pensamos que no sirve para nada. Allí, en aquel espacio para el olvido vivía ella. Siempre temporalmente, siempre de paso. Como una vendedora de presentes. Pasa mucho eso, vendemos el presente para un presente mejor que nunca llega. Porque el mejor presente que tienes es el único que tienes. Empezaba a saberlo, comprendía poco a poco que o único que podía cambiar era el poder de su interior.

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