30.12.16


El Minotauro estaba intentando dormir. Llevaba tiempo esperando y se aburría. Con la excusa de que estaba en el centro del laberinto, pocas veces le traían de comer, y eso era horrible. Suspiraba, tanto que parecía el viento allí, ya que los muros eran tan altos que ni eso podía pasar. La mitología es de mucho esperar, no queda otra. No se hacen grandes cosas sin muchas pequeñas que no son relevantes. Creta estaba allí fuera, y él se veía gordo. No tenía mucho espacio para hacer ejercicio, ya le podían haber metido un gimnasio o algo parecido allí. Por lo menos una barra para hacer dominadas pegadas al muro. A veces pensaba en hacer señales de humo para que viniese alguien a pelear, por entrenar; estilo esconcés. Así por entrar en calor. No quería que la prensa cretense se metiese con él cuando llegase alguien a pelear, no quedaría bien con su fama de agresivo y esas cosas. Mantener un estatus de importancia social es complicado, y ya no os digo si es mitológica. La fama histórica no se hace en dos días. La suerte del ser mitológico es esquiva y un poco desesperante. Las marcas de golpes en las paredes del centro del laberinto lo decían claro. La pintada también:

“Esperar el destino no puede ser suficiente”

 

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